domingo, 18 de diciembre de 2011

Sin contemplaciones

Maldito destino, te odio o más que eso, ¡me das asco! Te has propuesto fastidiarme la vida, tirarme al suelo cuando por fin estoy consiguiendo reincorporarme. ¿Es que te costaba tanto dejarme tranquila? Mentiría si dijera que me arrepiento de la ilusión con la que le escribía cada día, te mentiría si no te dijera que por primera vez estaba sintiendo que hacia lo correcto, que estaba siendo valiente y que estaba gritándole al mundo lo que quería muy orgullosa de ello pero y qué, ¿eh? Dime de qué me ha servido todo eso si ahora tengo que aceptar una vez mas lo que llevaba tiempo destrozándome, si ahora tengo que coger y encima darme cuenta de que esta vez solo ha sido mi culpa; si de ilusiones se vive ¡es durante poco tiempo! Asco, ¿entiendes? asco, rabia e impotencia es lo que siento. En más de un momento dudé, no por nada de lo que me hiciera dudar un año atrás, dudé por miedo a hacerme daño, por miedo a equivocarme, a ilusionarme por algo que no debía pero seguí ahí, escribiéndole cada día a la nada, escribiendo recuerdos, sueños e ilusiones que había compartido o que me gustaría compartir, escribiendo sin ningún sentido a no sé quién perdido en California. Y sí, te repito que no me arrepiento, que yo también creo que las cosas pasan por algo y que mejor intentarlo que seguir en duda; por un momento pensé que si el fallo en aquel entonces fui yo, esta vez podría ser diferente. Decidí, una vez más, luchar por lo que siempre había querido pero nunca antes me había atrevido a gritar como he hecho ahora, pensé que si era lo que llenaba mi vida tenía que ser para mí y que si fue él quien había dado todo por nosotros en un principio, esta era mi oportunidad de devolverlo. Te podría decir que no me lo creo, que ahora mismo me siento estúpida pero que repito, no me arrepiento. Hace un mes me dije a mi misma que no quería vivir con un 'y si...' en mi cabeza, que era el momento de actuar, aunque despacio y ello me llevó a escribirle cada día, a esperar a que llegara el momento oportuno. Destino, no es que deteste que actúes siempre intentando guiarnos la verdad, pero ¿qué pasa con lo de después? Tú nos juntas ¿y luego, qué? somos nosotros los que tomamos nuestras decisiones, deberíamos ser nosotros los valientes que actuáramos, ¿o es que de verdad me dices que tengo que esperar a que entres tú otra vez? Vale, bien, ¡no me importa esperar! Sí, sí, como lo lees, que me da completamente igual lo que signifique una canción, lo que signifiquen veinte líneas seguidas y lo que me quieran decir con eso; que me da igual lo que decida él. ¿Crees que me equivoco? Oye, pues me da igual, le quiero.

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